martes, 22 de mayo de 2012

CRISIS EN LA EDUCACIÓN…TAMBIÉN SOY CULPABLE

Hoy voy a hablar de lo que muchos opinan, critican, aportan o discuten sobre la crisis que está atravesando nuestra Educación Pública. Como parte de ella, como actor (no principal pero sí primordial) me gustaría brindar mi humilde opinión, me quiero hacer cargo en mayor medida de dicho problema.
Los docentes somos, a mi modo de ver, uno de los principales responsables de lo que hoy en día atraviesa nuestro país. Como educadores no podemos “desplazar la carga”, como afirma Peter Senge. Debemos de una vez por todas hacernos cargo de la gran responsabilidad que tenemos cuando asumimos esta noble y tan gratificante tarea de educar.
En los pasillos, en la sala de espera, en el supermercado y en los titulares de todos los medios de prensa escuchamos hablar de la crisis de la educación, pero en ningún momento nos hacemos responsables de la parte que nos toca a cada uno. Es más, minimizamos la problemática a dificultades edilicias, superpoblación de liceos o profesores estresados, cuando el problema de fondo es aún mucho mayor.
Cuando digo “hacernos cargo” lo digo en toda la extensión de la palabra. Debemos asumir de una vez por todas que quizás no somos los culpables pero sí los responsables de muchos aspectos del problema. No puedo mirar a un costado y no hacer nada.
Hace mucho tiempo que en  búsqueda de soluciones, se han ido generando diversos cambios en los planes y programas impartidos en los diferentes niveles. Planes, algunos, sin continuidad o evaluación, planes superpuestos, etc. Pero, nunca nos propusimos un cambio de “cabeza”, un cambio de mentalidad. Insisto, en mi humilde opinión, debemos asumir que en nosotros puede estar el punto de partida para realizar transformaciones profundas.
No somos psicólogos, ni médicos, ni policías y sin embargo, a veces actuamos como tales. Escuchamos la problemática de nuestros alumnos, los levantamos cuando caen y se lastiman, les ponemos  límites, les llamamos la atención y, además, damos nuestra clase. Quizás ahí esté la cuestión. Ser docente va mucho más allá de dar una clase magistral, ser docente implica involucrarnos con nuestros alumnos, saber qué les pasa, conocerlos en mayor profundidad, escucharlos, aconsejarlos, en pocas palabras: educarlos en forma integral. Nos estamos olvidando de nuestros alumnos. A veces nosotros somos el único referente, el único sostén de nuestros adolescentes. Una sonrisa, un gesto, un saludo bastan para conquistarlos. ¿Parece tan poco, no? Lo necesitan. No olvidemos que educar es uno de los más grandes gestos de amor que existen. 

Profesor Jesús Amaral

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