Hoy voy a hablar de lo que muchos opinan, critican, aportan o discuten
sobre la crisis que está atravesando nuestra Educación Pública. Como parte de
ella, como actor (no principal pero sí primordial) me gustaría brindar mi
humilde opinión, me quiero hacer cargo en mayor medida de dicho problema.
Los docentes somos, a mi modo de ver, uno de los principales
responsables de lo que hoy en día atraviesa nuestro país. Como educadores no
podemos “desplazar la carga”, como afirma Peter Senge. Debemos de una vez por
todas hacernos cargo de la gran responsabilidad que tenemos cuando asumimos
esta noble y tan gratificante tarea de educar.
En los pasillos, en la sala de espera, en el supermercado y en los
titulares de todos los medios de prensa escuchamos hablar de la crisis de la
educación, pero en ningún momento nos hacemos responsables de la parte que nos
toca a cada uno. Es más, minimizamos la problemática a dificultades edilicias,
superpoblación de liceos o profesores estresados, cuando el problema de fondo
es aún mucho mayor.
Cuando digo “hacernos cargo” lo digo en toda la extensión de la
palabra. Debemos asumir de una vez por todas que quizás no somos los culpables
pero sí los responsables de muchos aspectos del problema. No puedo mirar a un
costado y no hacer nada.
Hace mucho tiempo que en
búsqueda de soluciones, se han ido generando diversos cambios en los
planes y programas impartidos en los diferentes niveles. Planes, algunos, sin
continuidad o evaluación, planes superpuestos, etc. Pero, nunca nos propusimos
un cambio de “cabeza”, un cambio de mentalidad. Insisto, en mi humilde opinión,
debemos asumir que en nosotros puede estar el punto de partida para realizar
transformaciones profundas.
No somos psicólogos, ni médicos, ni policías y sin embargo, a veces actuamos
como tales. Escuchamos la problemática de nuestros alumnos, los levantamos
cuando caen y se lastiman, les ponemos
límites, les llamamos la atención y, además, damos nuestra clase. Quizás
ahí esté la cuestión. Ser docente va mucho más allá de dar una clase magistral,
ser docente implica involucrarnos con nuestros alumnos, saber qué les pasa,
conocerlos en mayor profundidad, escucharlos, aconsejarlos, en pocas palabras:
educarlos en forma integral. Nos estamos olvidando de nuestros alumnos. A veces
nosotros somos el único referente, el único sostén de nuestros adolescentes.
Una sonrisa, un gesto, un saludo bastan para conquistarlos. ¿Parece tan poco,
no? Lo necesitan. No olvidemos que educar es uno de los más grandes gestos de
amor que existen.
Profesor Jesús Amaral
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